Cuando
mi hogar era el cielo,
en
todo creía y todo era; nada echaba en falta.
Hasta
que un secreto anhelo vino a tambalear
aquella
torre: incertidumbre.
Realizé
al parecer, el debido sacrificio,
solté
todo lo que tenía de cómodo y seguro,
el
mismo amor...
Caí,
claro está, magullando mis memorias
hasta
nada recordar de mis antiguos esplendores,
caí
en el tiempo.
Más
al ver que tenía pies, yo caminé,
vi
también que sonreir y reir eran medicina y me curé.
Luego,
más adelante, sentí que mi corazón era
un
sol, y que era el origen y la clave para despertar de
la pesadilla
cuando fuese necesario.
Te
conocí,
te conocí en todas y cada una de ellas,
y
sabrás bien como te adoro...
Y
Hoy, en que mi hogar quedó en la encrucijada...
justo
allí, donde mi sangre palpita con la tuya,
donde
el ritmo de este despertar se acelera
por
momentos,
no
podrán creer el sagrado castillo
que
sin querer hemos creado.

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